Sensible a las críticas = baja autoestima
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Un simple comentario puede ser tomado como la crítica menos piadosa. Es un problema, sobre todo para quien la recibe, porque no se ajusta a la realidad. Se puede cambiar.
SER DEMASIADO SENSIBLE A LA CRÍTICA SE ASOCIA CON LA BAJA AUTOESTIMA

“¿Y por qué no lo has hecho de esa otra manera?”. Quien más quien menos ha oído estas palabras en boca de sus padres, sus jefes o de la pareja, incluso de los hijos…, qué más da. El caso es que pueden sentar como una puñalada trapera; para otros no. También dependerá del tono de la voz y si la persona que las pronuncia parece enfadada, contenta o indiferente. Pero incluso el tono del otro cada uno lo interpreta según uno mismo, y lo que parecía un reproche por enfado resulta ser un comentario inocuo en un tono de sana curiosidad. La crítica no siempre es bien recibida. Es más, en muchas ocasiones puede ser un simple comentario cuya intención es constructiva. Pero hay personas que se sienten heridas, cuestionadas e infravaloradas. Todo tiene sus grados y los expertos explican qué sucede, por qué sucede y si se puede cambiar esta sensación que en ocasiones desencadena frustración, ira o humillación.
Al menos, David D. Burns, catedrático de Psiquiatría y Ciencias de la Conducta en la facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, y autor, entre otros libros, de Sentirse bien (ed. Paidós), está convencido de que se puede cambiar. También lo cree así Enrique García Huete, psicólogo, director de Quality Psicólogos, profesor del Colegio Universitario Cardenal Cisneros y autor, entre otros libros, de El arte de relacionarse (Ediciones Aljibe). Explica que hay personas a quienes “les afectan mucho las críticas o cualquier comentario que se haga. Hay factores de personalidad y tendencias genéticas de comportamiento que las hace más emocionables. Se impresionan más, pero es posible mitigar las reacciones desmesuradas”. Para Katharina Seidler, psicóloga, esta hipersensibilidad a los comentarios está relacionada con la baja autoestima. “Piensan que no valen nada, que no están a la altura de las circunstancias, que son incapaces. Todos tenemos un filtro con el que percibimos e interpretamos lo que ocurre a nuestro alrededor“. Sólo se toma consciencia de una parte de la información recibida: la que se ajusta según este filtro. El bioquímico Joseph Dispenza recuerda que el cerebro recibe 400.000 millones de bits de información por segundo, “pero sólo somos conscientes de dos mil millones de ellos”. Seidler explica que si “nuestro filtro de percepción es que no valemos nada, cualquier cosa que digan los otros pasará por este filtro. ¿Resultado? Estaremos interpretando que el otro nos dice que no valemos nada independientemente de que esa otra persona esté realmente queriendo decir esto o no. Es como un autosabotaje. Al final nos confrontamos a una realidad dura: si uno no cree en sí mismo, nadie creerá en él”.

El psiquiatra Daniel Monti complementa lo que dice Katharina Seidler. “Nosotros construimos modelos de cómo vemos el mundo fuera de nosotros. Y lo que hacemos en última instancia es contarnos una historia acerca de lo que es el mundo exterior. Cualquier información que absorbemos de nuestro entorno está siempre coloreada por las experiencias que hemos tenido”. Ypor si fuera poco, Joseph Dispenza recuerda que el cerebro “no sabe la diferencia entre lo que está ocurriendo ahí fuera y lo que está ocurriendo aquí dentro”. Seidler explica que con una autopercepción limitadora “uno sienta miedo, inquietud, incluso se sienta culpable porque cree que no cumple con la expectativas de los demás”. Enrique Lorenzo López, psicólogo, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, aporta otro aspecto. “El hipersensible se ofende y reacciona de manera exagerada ante los comentarios sobre su persona. Mediante esta reacción manipula a los demás para conseguir que le digan sólo aquello que quiere oír. Necesita la aprobación. Su estado mental es la inseguridad y el orgullo”. Vaya.

A veces hay que aprender a tragarse ese orgullo o seguir con la hipersensibilidad a flor de piel. Nathaniel Branden, psicoterapeuta y autor, entre otros libros, de La autoestima día a día (Ed. Paidós), aporta los primeros pasos para tener una visión menos distorsionada de lo que dicen los otros de uno mismo. “Es imposible que una persona tenga autoestima si no se acepta a sí misma. Pero aceptarse a uno mismo es una idea que a muchas personas les cuesta entender. Confunden aceptar con gustar, tolerar o incluso admirar. Sin embargo, la aceptación no implica ninguna de estas cosas; significa ser consciente sin juicios críticos ni condenas. No quiere decir que hay que negar u oponerse a la realidad. Implica respeto por los hechos de su propia personalidad. Conlleva ser capaz de decir: ´No me alegro de haber pensado esto, pero sí, acepto el hecho de que lo he pensado´. Supone decir: ´No estoy orgulloso de esa acción, pero sí, fui yo quien la hizo´. Cuando uno se abre a la realidad, incluso cuando esta es dolorosa, es cuando uno se hace más fuerte”. Es una base para empezar a aceptar las críticas.

También es una forma de navegar por la vida. Metafórica y literalmente. Marta Ribot, psicóloga y directora de Experiències Nàutiques, comenta que en espacios pequeños, como los veleros, las tendencias de cada persona se hacen más evidentes, para lo bueno y para lo malo. “Es verdad que en momentos más extremos de mala mar puede haber más susceptibilidad, pero también es verdad que en un espacio pequeño la gente intenta ser más consciente de sus reacciones, es más delicada. Es una cuestión de actitud que tiene que ver con la capacidad de adaptación y de ser positivo. Es un trabajo de equipo. Es una interacción. Es un ponerse en la piel del otro”. Según Ribot, a las personas mayores les cuesta más aceptar que son susceptibles a las críticas, no lo reconocen. Se reafirmanen que ya nadie les tiene que decir nada. “Y si son hombres, la autoexigencia les complica más la vida. En las mujeres, la menstruación también”. Sea el caso que sea, Enrique García Huete afirma que cada vez hay más gente consciente de la necesidad de tomarse las cosas de otra manera y quiere aprender a hacerlo.

Hay herramientas. Matthew McKay, psicólogo, ex director clínico de la unidad de atención psicológica Haight Ashbury de San Francisco, autor entre otros libros de Cómo resolver conflictos (Ed. Paidós), las explica. “Las críticas pueden ser muy dolorosas. En ocasiones traen recuerdos de épocas en las que su conducta se analizaba al detalle en busca de errores, le juzgaban y le hacían sentir que estaba equivocado, que hacía las cosas mal, que era culpable y que no servía para nada. Pero hay un modo de escuchar las críticas que puede ser beneficioso”. Este experto insiste en la necesidad de aprender a tomarse los comentarios como opiniones y aprovechar lo útil. Para eso propone seguir unos pasos. En primer lugar, no permitir ser verbalmente maltratado por ataques airados y abusivos de los demás. “Aunque usted no tenga razón o se sienta culpable por la situación, no merece ese trato. Si la otra persona continúa atacándole, puede pedir una pausa y alejarse”. En segundo lugar, tomar conciencia de que lo que está diciendo la otra persona sólo es una opinión sobre un aspecto específico de la conducta. “La crítica es sobre algo que ha hecho, no sobre usted. Puede que su jefe opine que el informe que le ha entragado no sirve para nada, o que su trabajo anterior no haya servido para nada. Acepte el hecho de que no siempre lo hace lo mejor que puede: a menudo tiene prisa o no dispone de toda la información que necesita”. En ese sentido las críticas son constructivas y útiles. Antes de enfadarse o escabullirse, mejor intentar captar el mensaje exacto de la crítica. Para sacar el máximo partido de la situación es necesario pedir más información, sin los cuales difícilmente se puede mejorar.

Lucía Langa, directora del departamento de dirección de personas en EADA, afirma que la crítica es una oportunidad de aprendizaje, pero es necesario tener presente varios aspectos. La crítica, tanto en el ámbito empresarial como en el familiar, no deja de ser un diálogo que exige unas reglas para que sea fructífero. “Primero, va encaminada a modifi-car un comportamiento, no a cuestionar a nadie.Segundo, la crítica ha de ser específica y concreta. No valen las generalizaciones. Si es así, preguntar por lo concreto. Y tercero, siempre tiene que haber un cierre positivo, que nadie se vaya hundido en la miseria”. Lucía Langa también comenta otros aspectos, entre otros la necesaria madurez de quien recibe la crítica. “Apelamos al autocontrol emocional. El último efecto se lo hace uno mismo. Te tienes que ocupar para saber si estás preparado o no para recibir este tipo de mensajes. Si la autoestima está muy baja, puedes llegar a pensar que el mundo está contra ti”.

David D. Burns sintetiza tres tipos de respuestas (Burns lo llama “la ruta triste, la ruta furiosa y la ruta alegre”) ante una crítica y las consecuencias de cómo se reacciona y lo que implica. Por ejemplo cuando en el ámbito laboral el jefe dice: “Últimamente has estado trabajando mal y has cometido algunos fallos”. Respuesta primera: no sirvo para nada; pensamiento: siempre estoy fracasando, soy un inútil; sentimiento: triste, ansioso; conducta: aislamiento, abatimiento, abandono; resultado: camino hacia la depresión. Respuesta segunda: mi jefe no sirve para nada; pensamiento: ese estúpido la ha tomado conmigo; sentimiento: irritado, frustrado; conducta: agresividad verbal; resultado: despido inmediato, además se sigue pensando que todo es absurdo. Respuesta tercera: hay que analizar qué ha pasado; pensamiento: aquí tengo una oportunidad para aprender algo; sentimiento: seguridad; conducta: ¿qué puedo cambiar?; resultado: el problema está definido y se propone una solución. La autoestima se refuerza.

Casi todas las personas con tendencia a la depresión eligen la ruta triste, explica David D. Burns. “Usted llega automáticamente a la conclusión de que el crítico tiene razón. Sin realizar ninguna investigación sistemática se apresura a determinar que usted estaba equivocado y ha cometido un error. Magnifica entonces la importancia de la crítica con una serie de errores de pensamiento. Usted podría generalizar excesivamente y llegar a la conclusión equivocada de que toda su vida es sólo una cadena de errores. O podría asignarse la etiqueta de fracaso total. Y debido a su expectativa perfeccionista, según la cual se supone que no puede cometer ningún error, probablemente se convencerá de que su supuesta equivocación indica que usted es un inútil. Como resultado de estos errores mentales, se deprimirá y sufrirá una pérdida de autoestima. Sus respuestas verbarles carecerán de efectividad y serán pasivas, caracterizándose por un actitud de retroceso y retirada”.

En el caso de la ruta furiosa, “se defenderá de los horrores de ser imperfecto tratando de convencer al crítico de que es un monstruo. Se negará obstinadamente a admitir cualquier error porque, de acuerdo con sus normas perfeccionistas, sería equivalente a admitir que es un gusano indigno. De modo que rechazará las acusaciones suponiendo que la mejor defensa es una buena ofensa. Su corazón latirá aceleradamente, y su presión sanguínea se cargará de hormonas mientras se prepare para la batalla. Se tensarán todos sus músculos y se le endurecerá la mandíbula. Tal vez sienta una satisfacción temporal mientras le grita a su crítico. Le demostrará qué clase de energúmeno es. Lamentablemente, él no estará de acuerdo, y a la larga su estallido será contraproducente porque usted habrá conseguido envenenar la relación”.Y por último, David D. Burns explica que la tercera respuesta es propia de las personas que no tienen problemas con su autoestima, son personas con un alto nivel de confianza. Saben que no tienen por qué ser perfectos, y cuando reciben una crítica empiezan a investigar qué ha pasado y si realmente se han equivocado. Una vez definido el problema haciendo una serie de preguntas que no impliquen juicio alguno, estan en condiciones de proponer una solución. “Si estaba evidentemente equivocado, podrá admitirlo. Si era el crítico quien andaba errado, podrá señalárselo con tacto”.

También está en juego la salud. Matthew McKay explica que las personas que ante una crítica creen que no sirven para nada tienen la tensión alta. Los que reaccionan con furia y agresividad tienen la presión sanguínea todavía más alta. Pero los que reflexionan sobre esa crítica e intentan saber qué ha sucedido realmente son los que tienen la tensión más equilibrada. Habrá que ensayar y seguir madurando. Tampoco es tan fácil.

Fuente: La Vanguardia. Jordi Jarque

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