Estos fragmentos confirman que más allá de hermosas metáforas y suntuosos imaginarios, la obra de Borges también es vital y trascendente.

Muchos tienen la impresión de que Jorge Luis Borges escribió poco, en parte quizá porque solemos identificarlo como autor de algunos cuentos geniales y poco más que eso, además de por su peculiar aversión a la novela.

Borges, sin embargo, fue un autor prolífico. A las narraciones que muchos reconocemos es necesario sumar varios tomos de poesía, conferencias, entrevistas y algunos otros textos que incluso en años recientes se han sumado a su bibliografía (por ejemplo, el registro que Bioy llevó de los encuentros con su amigo y maestro).

En ese sentido, quizá pueda decirse que la obra del argentino se puede leer con cierta premisa de desconocimiento, como si nos acercáramos a alguien con una elevada posibilidad de sorprendernos. Leerla no como los escritos de un viejo afable obsesionado con los espejos y los laberintos, sino más bien la de uno de los grandes autores modernos, que a la luz de la razón y la poesía (dos elementos que parecerían excluyentes entre sí) acuñó algunos de los momentos más lúcidos del entendimiento sobre lo humano.

Compartimos ahora 11 breves lecciones tomadas de distintos textos como un ejercicio de curiosidad y asombro, para mostrar que Borges es un autor que también nos enseña a mirar y vivir la vida de otra manera.

Los hombres inventaron el adiós porque se saben de algún modo inmortales, aunque se juzguen contingentes y efímeros.

Del poema “Delia Elena San Marco” (El hacedor)

No jures, porque todo juramento es un énfasis.

De “Fragmentos de un evangelio apócrifo” (Elogio de la sombra)

A mí me gusta mucho enseñar; sobre todo porque, mientras enseño, estoy aprendiendo.

De Siete conversaciones con Jorge Luis Borges, de Fernando Sorrentino

Creo que he cometido todos los errores literarios posibles y que eso me permitirá tener alguna vez algún acierto.

De Siete conversaciones con Jorge Luis Borges, de Fernando Sorrentino

[…] todas las cosas le suceden a uno precisamente, precisamente ahora. Siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos; innumerables hombres en el aire, en la tierra y el mar, y todo lo que realmente me pasa me pasa a mí…

De “El jardín de senderos que se bifurcan” (Ficciones)

Todos nos parecemos a la imagen que tienen de nosotros.

De “El indigno” (El informe de Brodie)

[…] es imposible que en un año no le ocurran a uno treinta ocasiones de poesía.

De “La ceguera” (Siete noches)

Enamorarse es producir una mitología privada —a private mythology— y hacer del universo una alusión a la única persona indudable.

De prólogo a Nacimiento del fuego, de Roberto Godel

—Usted ya no puede hacer nada.
—Puedo hacer una cosa —le contesté.
—¿Cuál? —me preguntó.
—Despertarme.
Y así lo hice.

De “Episodio del enemigo” (El oro de los tigres)

Podemos percibir unas caras, unas voces, unas palabras, pero lo que percibimos es ínfimo. Ínfimo y precioso a la vez.

De “El palacio” (El oro de los tigres)

Pero no es necesario que nos preocupemos demasiado por la suerte de los clásicos, pues la belleza siempre nos acompaña.

De “El enigma de la poesía” (Arte poética)

faenaAlep

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