¿Como hacer que la mente deje de pensar y hacer ruido? Este artículo trata sobre las técnicas mindfulness para parar el ruido de la mente y la complejidad de convertirlo en un hábito en medio de nuestras obligaciones diarias.

[ Nota: Este texto forma parte de una serie de artículos acerca de “meditar” ]

Llevo tiempo haciendo experimentos para convertir la motivación en una rutina del día. Como cualquier otro intento para generar un hábito, incluso sabiendo que es algo que puede impactar de una forma increíble y positiva, es complicado y voy a contar porqué y los métodos que he usado que funcionan.

Igual que el practicar mini hábitos, intento hacer mini experimentos con muchas tareas, obligaciones o simplemente cuando quiero cambiar la forma de ver la realidad.

Uno de los “secretos” que he sacado como conclusión es que hay algo por encima de todo que es necesario hacer para que funcionen estos hábitos: simplificar y simplificar. Y más  reflexiones que quiero compartir aquí.

Al principio de hacer ejercicios de mindfulness trataba de centrarme en la respiración, en mi cuerpo, en como me sentía. He llegado a la conclusión que es inútil enfocarse en varias cosas a la vez. Y cuando uno empieza, no sabemos “en qué pensar para dejar de pensar”, ya que partimos de la base que no sabemos cómo se deja de pensar!

Usando nuestra fuerza de voluntad podemos espantar pensamientos y tener unos segundos de calma mental. Pero no es suficiente salvo que ya tengamos mucha práctica.

Lo mejor cuando se está empezando es reducirlo todo a un  mini-ejercicio: estar presente ydejar pasar cualquier pensamiento, únicamente prestar atención a la respiración. Si quieres una explicación más detallada de un ejercicio de meditación pulsa aquí.

Al apagar la mente me doy cuenta una vez más que el mundo es mejor de lo que parece y que los problemas se pueden disolver. Al menos esos instantes son suficientes para ver las cosas con más claridad y aportarnos recursos que podemos usar el resto del día.

En ese momento, por breve que sea te das cuenta que no necesitas estar en otro lugar, no hace falta cambiar nada. Al cabo de unos cuantos intentos es posible aumentar la duración de esos “lapsos de mente” y realmente beber de una fuente extraña, una conexión con algo que no conocíamos. Es como si hubiera un antes y un después al hacerlo.

La conclusión que quiero compartir es la siguiente: cuanto más se practica, ese estado aumenta y también es más fácil entrar en él.

Al principio serán breves lapsos de tiempo en los que de verdad sentirás como la mente se ha parado, silenciado. Incluso habrá ruido fuera pero estarás en “tu centro”, donde nada parece afectar. Esos lapsos se alargarán con la práctica y durarán minutos.

Estoy convencido que unos pocos minutos son más que suficientes.

Si has experimentado con tratar de vivir en el momento presente con intensidad puede que hayas leído ya libros de “búsqueda espiritual” como El poder del ahora, u otros libros de mindfulness. En ellos se trata este tema de una forma increíble. Puedes ver más abajo una lista de libros que he leído y recomiendo.

Es un tema que está escrito desde hace más de 2000 años (los textos raíz del budismo lo ponen como algo clave, igualmente el Tao te Ching de Lao Tse). Pero refrescar los conceptos y llevarlos a nuestra mente occidental y llena de “ocupaciones” lo han hecho de forma increíble los libros como el de Eckhart Tolle y Los Cuatro Acuerdos de Miguel Ruiz.

 

Si ya hay tántos libros y recursos, ¿cuál es el problema?

El problema es que la parte práctica no nos la enseñan. No puedo dar una opinión del porqué, quizás porque se deja al análisis de cada uno, o porque cada persona tiene una forma de hacerlo.

Después de leer esos libros quizás estarás como yo varias semanas con ellos presentes, y de hecho te habrán cambiado la forma de observar la realidad aunque sea por unas horas.

Pero esa esencia no se nos queda mucho tiempo. La emoción inicial se desvanecerá junto con su impacto.

Estar totalmente presente es posible hacerlo durante un intervalo, al cabo de un tiempo es inevitable acordarnos del email que tenemos que enviar o de ir a comprar leche para el desayuno.

Es prácticamente imposible mantenerlo de una forma constante porque en el Sistema hemos hecho unos Acuerdos (conscientes o no) acerca de cómo usamos nuestra mente. Parte de los cuales pasan por creer que cuanto más demos vueltas a algo, juzguemos o reflexionemos con esfuerzo, más éxito tendremos.

En nuestra sociedad no existe el “acuerdo” de realizar de forma constante (convertir en hábito) el apagar la mente, y evitar estar perdidos pensando en el pasado o ansiosos dibujando el futuro.

El lugar más ruidoso del planeta

Pasamos diez veces más tiempo pensando del que deberíamos. La mayor parte del tiempo centrados en el pasado o anticipándonos a algo del futuro.

Mi nivel de estrés se multiplica cuando analizo posibilidades y mi mente entra en modo ”partida de ajedrez” analizando movimientos, combinaciones, carambolas y preocupándome por cosas que no existen (y que probablemente nunca lo harán).

La mente es un ordenador sin control, procesando miles de bits de información y colocándola en una base de datos que la mayor parte de las veces no haría falta usar. Nuestra mente necesita resolver problemas, lo malo es que convierte a todo un problema, no sabe “observar” sin juzgar.

Como una máquina poderosa y sin control, debemos aprender a apagarla, desconectarla aunque sea por breves espacios de tiempo. De esa forma podremos acceder a otro potencial mucho mayor de la mente que no existe de forma consciente.

¿Qué hacer en la práctica?

Hablar del cómo vivir en el momento presente ocuparía libros y libros, pero si has pasado por esa etapa ya seguramente habrás llegado a la conclusión que cada libro se puede resumir en unas pocas hojas de información práctica. Muchas veces incluso se repite en distintos autores y textos.

Una de las claves es la siguiente: la puerta de acceso al momento presente y a un nivel de consciencia superior, es el cuerpo. Prestando atención a detalles del cuerpo es posible lograr ese estado de no-pensamiento.

El más usado y mencionado en los textos (incluyendo libros de budismo) es la respiración.

Uno de los métodos más potentes de meditación al “estilo occidental” es el Entrenamiento Autógeno, que de hecho utiliza la atención enfocada a partes del cuerpo en cinco pasos, para alcanzar un estado profundo de relajación.

Pero yendo a lo básico, la respiración es clave y el punto de partida. Es una puerta al momento presente, al mismo instante en que el aire entra y sale por las fosas nasales. Si te centras en él estarás observándote, viviendo el instante, sintiendo.

Hay tres situaciones en las que la mente dejar de hacer ruido:

  1. Cuando estamos haciendo una actividad en estado de flujo. Por ejemplo cuando un artista está creando su obra y las horas se convierten en minutos.
  2. Cuando estamos obligados a prestar atención a algo físico: por ejemplo en un deporte de riesgo (el no prestar atención puede llevar a un accidente)
  3. Cuando desarrollamos el hábito de apagar la mente enfocándonos en algo físico, como la respiración

La mente es un desastre queriendo que nos centremos en el momento presente, pero nuestra voluntad y motivación son las que hacen que podamos tomar las acciones para conseguirlo, y convertirlo finalmente en un hábito.

Para lograrlo hay que practicar una y otra vez con pequeñas metas fácilmente alcanzables, y ser constantes para poder convertirlo en un hábito.

Excusas vamos a ponerlas siempre, pero qué nos impide usar diez minutos al día? Al fin y al cabo, nuestra respiración o alguna parte de nuestro cuerpo es donde nos tenemos que centrar, y lo llevamos siempre puesto.

Como explica Thich Nhat Han, Minfulness se practica lavando los platos, andando, o en cualquier otra actividad.

El desarrollar este hábito sirve enormemente en el día a día: enfrentarnos mejor a los contratiempos, bajar nuestro nivel de “defensa”, disfrutar más de las cosas que ocurren apreciándolas más, bajar nuestro nivel de estrés, colocarnos en una situación perfecta para analizar problemas y pensar con claridad, etc etc.

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