Los niños necesitan instrucciones o guías para aprender a meditar. Aunque lo ideal sería contar con asistencia especializada, con instructores conocedores de la materia, bien puedes ser tú quien instruya a tus hijos para iniciarse en la meditación, si cuentas con las nociones necesarias.

Al final del día, con los deberes ya hechos y las tareas ya cumplidas, reúnanse en familia, sin televisor ni estímulos externos agresivos o invasivos. Sentados, mejor en el piso y en una pose cómoda (como indio, con las piernas cruzadas y la espalda recta), pide a tus hijos que cierren sus ojos y respiren lenta y profundamente. Ve impartiendo las instrucciones con voz calmada, a bajo volumen: inspira, mantén el aire en tus pulmones, y exhala lentamente.

Para enseñar a meditar a los niños, haz que los primeros días sólo realicen esta tarea de respiración, hasta convertirla en un hábito saludable. Luego, conforme vayan aumentando la comodidad con la técnica de respiración, comienza a incorporar nuevos conceptos en las instrucciones: deja ir tu ira, deja ir los miedos, libera tu mente de pensamientos, o bien ayuda a los niños a visualizar paisajes y situaciones de calma, como “imagina un campo, con hierbas, siente la brisa en la piel, siente el sol abrigando tu cuerpo” u otras semejantes.

Conforme vayan pasando los días en la técnica de meditación para tus hijos, minimiza las instrucciones, permitiendo que los niños se dejen llevar por sus pensamientos y sensaciones de paz y calma, visualizando, o simplemente concentrándose en su respiración. Finalicen cada sesión con respiración lenta y profunda, abriendo lentamente los ojos, y comentando la experiencia entre sí con la mente y el corazón abiertos, haciendo que los niños se sientan cómodos al aprender a meditar.

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