Pensamientos y emociones…Cincelan el cuerpo?

La integración de todos los aspectos de nuestra existencia se traduce inevitablemente en belleza.

Hoy sabemos que los pensamientos y emociones que generamos liberan una serie de hormonas y neurotransmisores que actúa sobre nuestro organismo —y su acumulación va cincelando el cuerpo, como si fuera una escultura en movimiento generada por procesos químicos.Popularmente se ha trazado una relación entre nuestro estado de ánimo y nuestra apariencia, siendo el rostro una especie de interfaz entre el alma (o la psique) y el cuerpo. De tal forma, trascendiendo el canon estético de cualquier época, el ser humano identifica las manifestaciones gestuales de paz, relajación y confianza con la belleza; en cambio, el estrés, el enojo y la ansiedad nos remiten a percepciones estéticas negativas.

En este sentido las palabras de Nagarjuna, el influyente pensador budista que vivió hace 1800 años, se traducen en un consejo de belleza que podríamos considerar una especie de cosmético cósmico. En su memorable texto Collar de Joyas Preciosas, el fundador del camino medio del budismo señala:

Dar es dar a alguien más de lo que tienes,

y la ética es hacer bien a los demás.

Paciencia es abandonar los sentimientos de enojo,

y el esfuerzo es alegría que incrementa todo bien.

[…]

Dar incrementa la riqueza, un mejor mundo surge de la ética,

la paciencia trae belleza, eminencia viene del esfuerzo.

Concentración trae paz y de la sabiduría nace la libertad,

la compasión logra todo lo que siempre hemos deseado.

Aplicar la milenaria sabiduría del budismo a la belleza física reafirma que un aspecto fundamental del budismo ―y de prácticamente cualquier tradición espiritual― es la integración de todos los aspectos de la existencia, sugiriendo que la materia y el espíritu son indivisibles. En este sentido la belleza física no parece ser tan superflua: es la cara visible de un proceso holístico o el resultado manifiesto de una virtud metafísica. Curiosamente el filósofo Ludwig Wittgenstein hace eco de lo expuesto por Nagarjuna al decir que “ética y estética son lo mismo”.

En síntesis podríamos afirmar, combinando neurociencia, budismo y la filosofía platónica, que la belleza física es literalmente una proyección de nuestro estado mental. Y que la forma en la que vemos el mundo determina cómo el mundo nos ve: una ciencia de la belleza que resiste el paso del tiempo.

F. Aph

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