Entrevista a Miles REID

En la década de los sesenta el antropólogo norteamericano Carlos Castaneda aterrizó en México para hacer su tesis doctoral. Allí conoció al último brujo de un linaje de chamanes, Don Juan, que le transfirió todos sus conocimientos y que Castaneda plasmó en sus libros, guías para toda una generación. A su vez, Castaneda formó un grupo de discípulos, entre ellos Miles, un médico californiano que ahora recorre el mundo revelando la sabiduría de los antiguos chamanes. Para ellos el mundo es sólo una versión de la realidad, un conjunto de acuerdos y descripciones asumidas culturalmente. Hay otras realidades pero para verlas hay que ser liviano y fluido: “Ocuparse demasiado de uno mismo produce una terrible fatiga. En esa posición se está ciego y sordo a todo lo demás”.

Quién era Carlos Castaneda?

-Un antropólogo que en 1960 se instaló en México para realizar trabajos de campo. Allí conoció al brujo Juan Matus, “Don Juan”, y comenzó con él un aprendizaje que duró 13 años en el cual le fueron transmitidos todos los secretos de los antiguos chamanes de México.

-¿Y quién era Don Juan?

-La 27 generación del linaje de brujos que dedicaron su vida a desarrollar un sistema de conocimiento poderoso y diferente del que rige nuestras sociedades.

-¿Cómo?

-Dentro de nosotros está la energía que nos permite trascender los parámetros de la percepción normal, esa que nos ha inculcado nuestra cultura y nuestro entorno social.

-¿Y para qué quiero trascender los parámetros de mi percepción?

-Porque ese es el fin del hombre: es como si me preguntara para qué una semilla quiere ser árbol.

-¿Qué debemos entender?

-Que el mundo que vemos todos los días es sólo una interpretación de las muchas que hay. Si podemos suspender nuestro juicio, accedemos a esas otras incontables interpretaciones que abren posibilidades de percepción y de acción inauditas.

-Castaneda se inició a través de drogas alucinógenas…

-Sus discípulos no utilizamos drogas. Los antiguos chamanes sabían que nuestra energía está centrada en la autorreflexión y que hay que sacarla de ahí. Para lograr eso con Castaneda, para quebrar su racionalidad y su rigidez, Don Juan utilizó las drogas, pero en su caso particular y en aquel
tiempo.

-Las prácticas chamánicas eran secretas. ¿Por qué las divulgan ahora?

-Don Juan percibió que su linaje se acababa y que tras él algo nuevo se abriría. Por eso encomendó a Castaneda y a sus otras tres discípulas la tarea de decidir de qué forma cerrar el linaje: “Hazlo con un broche de oro” le dijo.

-¿Y qué hizo Castaneda?

-Decidió ser coherente con su tiempo, el de la comunicación, y difundir las enseñanzas de Don Juan a través de sus libros. El último secreto, los pases mágicos, lo desveló a su grupo de iniciados.

-¿Qué son los pases mágicos?

-Son respiraciones y movimientos del cuerpo que los antiguos chamanes encontraron en estado de ensueño y que tienen la capacidad de reestructurar nuestra energía, lo que nos otorga bienestar y vitalidad física y mental. Castaneda decía que con ellos conquistas el silencio interior, aquietas las turbulencias internas.

-¿Movimientos energéticos?

-Las personas somos unidades energéticas definidas, pero los efectos de nuestra vida cotidiana hacen que nuestra energía se disperse fuera de nuestros centros de vitalidad. Los pases mágicos relocalizan esa energía y con ella podemos acceder a otras posibilidades de percepción y de acción.

-¿Y cuál es el resultado?

-Le pondré un ejemplo: si usted tiene conflictos con otra persona o problemas, toda su energía se consume en esa preocupación y termina agotada. Estancamos nuestra energía en ese punto de la autorreflexión, de la importancia personal.

-¿Y qué propone en esas circunstancias?

-Hay que ser capaz en todo momento de tener la visión del otro, dar espacio en nuestro interior a otra manera de comprensión. Si entendemos que cada persona que interactúa con nosotros tiene algo que mostrarnos, tendremos fluidez y la energía transitará por nosotros.

-¿Somos energía y vamos a la energía?

-Sí, nuestra vida es un viaje para incrementar nuestra conciencia, que luego retorna al origen. Pero los chamanes eran extremadamente pragmáticos.

-¿A qué se refiere?

-Cuando la energía fluye estás en el buen camino; pero cuando se estanca no hay que forzarla en una dirección, hay que cambiar de dirección. Los pases mágicos relocalizan tu energía, que debes utilizar para cambiar, para salir de ese estancamiento, reflejo de la preocupación constante por uno
mismo, que no es más que autocompasión disfrazada.

-¿Y puedes comenzar en cualquier punto de tu vida?

-Sí, porque dentro de los pases mágicos hay una disciplina que se llama recapitulación y que consiste en la revisión sistemática de nuestra vida para ver en qué hemos empleado nuestra energía y así poder cambiar.

-¿Hacia dónde?

-Todos tenemos una voz interior que nos puede decir cuál es la dirección en cada momento, pero nuestra atención está puesta en reforzar nuestro ego y, mientras sintamos que lo más importante del mundo somos nosotros mismos, no podremos apreciar el mundo. Sentirse importante lo hace a uno
pesado, torpe y banal.

-¿Y esa energía puede utilizarse mal?

-Estamos educados para interpretar las cosas como opuestos: bueno y malo. Pero para los chamanes lo único que existía era la energía. Las cosas funcionan naturalmente cuando dejas fluir la energía, sólo si se estanca nos hacemos daño. Sus enseñanzas estaban encaminadas a ese dejarse fluir, a la comprensión de los pasos básicos para lograr la proeza de ver.

-¿Ver que todo es posible?

-Sí, darnos cuenta de que disponemos de innumerables posibilidades que no están vinculadas a la idea que tenemos de nosotros mismos, pero la libertad nos da vértigo.

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