“Tienes que empezar por ser el cambio que deseas para el mundo”, dijo Mahatma Gandhi. La paz mundial comienza con la gente que está en paz consigo misma. Empieza con aquellos que arreglan sus disputas sin violencia. Que respetan a los demás, honran las diferencias y saben que Dios está en todos. Cada persona que encuentra la tranquilidad, aumenta la energía colectiva de la paz, como una brisa suave que llena de amor todo lo que toca.

Nuestra esencia crística es la fuente de nuestra calma interna y la semilla de paz para el mundo. Conéctate con ella centrándote en tu corazón, relajando tu mente y abriéndote a la bondad. Imagina esa energía armoniosa irradiando hacia el mundo y llevando tus oraciones por la paz a todos.

“Un pequeño grupo de espíritus decididos inspirado por una fe inquebrantable en su misión puede alterar el curso de la historia”, dijo también Gandhi.

Queremos vivir en un mundo pacífico. Sin embargo me pregunto, ¿puedo realmente hacer alguna diferencia? La Madre Teresa afirmó una vez que “no podemos hacer cosas grandes, solo cosas pequeñas con un gran amor”. Y cada oración por la paz, cada pensamiento amoroso contribuye a la paz mundial. Esos pensamientos de bondad y compasión se multiplican como las olas del mar para bendecir al mundo.

Lleva la energía de la paz a todas tus interacciones y a cada situación de tu vida. Cuando practicas la paz, haces una diferencia positiva en el mundo. Sereno en la presencia de Dios, ayuda a otros a experimentar paz. Si pones a Dios primero en tu diario vivir, conocerás la paz. Cuando su amor incondicional llena nuestros pensamientos no deja espacio para separación ni juicios.

Si la discordia se alza dentro o alrededor tuyo, ora para reconectarte con la Verdad y tus pensamientos prevalecerán sobre la inarmonía. Empieza tu día agradeciéndole a Dios tu paz interna. Antes de dormir, reconoce que el deseo de paz habita en todos los seres de la tierra. Nuestras mentes y corazones están unidos en ella para hacer que se vuelva una realidad en el mundo.

Las diferencias son parte inevitable de la vida humana. Coexistencia pacifica no quiere decir que tú y los otros sean o piensen de una cierta manera. Cuando somos rígidos o críticos generamos conflicto y violencia. Contribuyes a la paz en la tierra cuando aceptas de corazón la diversidad del mundo. Al hacerte consciente de que todos somos Uno en Dios, serás capaz de ver la gran belleza que hay en la multiplicidad de la vida. Aprecia el orden y la armonía en las muchas maneras en que el Espíritu Único se manifiesta.

Albert Schweitzer (1875-1965), medico, filósofo y misionero en Africa, que recibió el Premio Nobel de la Paz en 1952, escribió: “En los corazones de la gente hoy en día hay un profundo deseo de paz. Cuando el auténtico espíritu de la paz es dominante, se convierte en una experiencia interior con posibilidades ilimitadas. Solo cuando esto suceda en verdad, cuando el espíritu de paz despierte y tome posesión del corazón del hombre, podrá la humanidad salvarse de perecer”.

Elena Iglesias
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