Y si el Juicio hablara…

Has fluído con el río negro del Arcano XIII. Has hundido tus raíces en la oscuridad del diablo. Has sido el demonio que levantaba tristemente su antorcha como una nostalgia de la luz. Cuando errabas por el fondo del abismo, yo no te olvidaba. Ahora puedo entrar en contacto contigo, pero poco a poco, con una paciencia y una suavidad infinitas, porque soy demasiado fuerte. Puedes unirte a mí si has sido preparado, si has hecho el viaje a las profundidades de tu ser, si has conocido todas las facetas de tu masculinidad y de tu feminidad y las has conciliado, equilibrado.
Te aporto la luz de todos los universos. Mi potencia exige que hayas hecho la paz contigo mismo, que desde lo más profundo de tu inconsciente haya empezado a crecer el Árbol nuevo. Que todo tu ser se halle sumido en una infinita plegaria, que cada una de tus células esté en paz. Que estés desnudo, en plena confianza y en plena aceptación de lo más alto que hay. Sin la divinidad no puedo existir. Cuando el ser se convierte en un verdadero niño confiado, sólo entonces aparezco, como la certidumbre total, como la llamada que resuena desde el principio de los tiempos.
Mi música, esencia divina de la palabra, te inspira un deseo imperioso de elevarte. Despierta a todo lo que estaba dormido, resucita todo lo que estaba muerto, abre las lápidas selladas. Hago estallar todas las palabras para que, a través de tus plegarias, puedas llegar al ámbito de lo inconcebible, donde reina el milagro de la vacuidad. Yo sé. He visto al creador. Entonces, sencillamente, lo anuncio. Transporto la llamada irreprimible de la Consciencia. Soy el despertar, el milagro que se produce en el interior de tu ser.
Irresistible certidumbre. Cuando respondes a mi llamada, cada una de tus acciones es como una orden que te doy. Ya no hay duda. Te pones a hacer, a pensar, a amar, a vivir, a desear en pleno acuerdo con la voluntad divina. La vida vale la pena ser vivida, todo se realiza en la calma, la meditación, la benevolencia y la alegría.
Vengo de un inconcebible huevo de oro donde el ser y el no ser son solo luz indiferenciada. Soy la más alta realización de tu psiquismo, tu pensamiento convertido por fin en andrógino. Vengo a liberarte de los límites del hombre y de la mujer. El círculo de nubes celestes que me rodea no es sino tu cerebro azul estallado. Borro para siempre tus fronteras. De encarnación en encarnación, de transformación en transformación, con certidumbre, con la alegría constante, te permito ser lo que siempre has sido, un emisario de Dios.
ALEJANDRO JODOROWSKY
Advertisements