El milagro de la gratitud

por Leandro José Severgnini

Hablar sobre la gratitud es una de las cosas para mí más placenteras. Practicarla me hace apreciar la vida en su plenitud. Ojalá todos supieran agradecer. ¿Agradecer a quién y por qué? ¡Lo mismo da! Agradecer, por sí solo, ya es un acto de enorme nobleza espiritual. No se trata necesariamente de dirigir palabras a una Divinidad. ¡No! Quizá esa sea una forma incluso mezquina de gratitud; primero, porque en esas ocasiones no siempre agradecemos con sentimiento, a veces sólo es de boca para fuera; y en segundo lugar, ocurre que a menudo nuestra gratitud va acompañada de peticiones y regateos. No. ¡Esa no es la gratitud a que me refiero!

La gratitud de la que quiero hablar es mucho más un estado de espíritu que un sentimiento ocasional; es mucho más acción que palabras. No obstante, no es algo que se alcanza de la noche a la mañana, sino una vibración mental que debemos cultivar a cada instante de nuestras vidas hasta llegar al nivel de incondicional.

Para empezar debemos aprender a observar mejor las cosas que suceden; observar y analizar sin juzgar, sólo contemplando para intentar aprender algo. Observa y mira cómo todo obedece a una rigurosa cadena de acciones y reacciones. Mira cómo nada ocurre fortuitamente. Percibe que todo lo que se ha sembrado habrá de ser necesariamente recogido. Comprende que estamos constantemente rodeados por una energía inteligente que responderá incluso al más instintivo de nuestros pensamientos. Mira y siente cómo todo sucede por un motivo. Pero, por favor, jamás consideres que los acontecimientos negativos puedan ser castigos de una Divinidad quisquillosa, o conspiración para perturbarte. Todo lo que sucede tienen el propósito absoluto de impulsarte por el camino de la evolución.

La verdad es que en cada situación desagradable que se produce en nuestras vidas, de cada una de ellas saldremos más fuertes, más inteligentes, más preparados para ser dueños de nuestro futuro. ¿Lo dudas? Haz la prueba: intenta acordarte de algún acontecimiento negativo que te haya sucedido. Compara el antes y el después y percibe cuánto has evolucionado con ello. Es imposible que no hayas aprendido absolutamente nada.

Y para terminar, necesito que reflexiones sobre nuestro comportamiento instintivo cuando algo “negativo” nos sucede. Percibe cómo nuestra reacción inmediata es el rechazo. De modo puramente instintivo, nos rebelamos prontamente contra lo que sea que parezca negativo a nuestros ojos. Pero desde mi punto de vista eso es pura necedad. No que tengamos que amar el sufrimiento, pero hemos de ser sabios y observar que en cada situación desagradable existe una escuela, existe una oportunidad de aprender y evolucionar. Si ya hubiésemos alcanzado la perfección, nada de lo que estoy diciendo tendría sentido. Pero lo cierto es que, por ser poco adelantados espiritualmente, todavía necesitamos pasar por el mal para conocer la importancia del bien. Por ello nada más justo que mirar nuestro dolor con ojos de gratitud, pues a través de ella es como nos motivaremos para el cambio. Para mí, pocas cosas son tan milagrosas como agradecer a aquello que nos hace daño.

Advertisements