Érase una vez una joven recién casada que empezó a cocinar un jamón para la cena. Cuando le cortó las dos puntas y lo puso en la cazuela, su marido le preguntó por qué lo hacía, y ella le respondió: “Así sabe mejor.” Después, sin embargo ella misma se hizo esa pregunta, así que llamó a su madre, que era la que le había enseñado a cocinar. “¿Por qué me dijiste que le cortase las puntas al jamón?”, le preguntó.

Su madre dijo: “No estoy segura, pero sé que así sabe mejor. Y así es como lo hacía mi madre.”

La joven llamó entonces a su abuela y volvió a preguntar: “¿Por qué le quitamos las puntas al jamón?”

Su abuela le respondió: “Por que si no, no cabe en mi cazuela.”

Aunque la joven de la historia creía que el sabor del jamón mejoraba si le quitaba las puntas, esa costumbre se originó sencillamente por conveniencia. Al darse cuenta de la verdad, comprobó el tamaño de su cazuela y descubrió que le cabía toda la pieza del jamón, así que modificó su comportamiento.

Las percepciones de la realidad de los ancestros se convierten en la base de los sistemas de creencias los descendientes.

La cazuela es como el intelecto, ¿qué tamaño tiene tu cazuela en relación a la de tu abuela?

Cuento de Rebecca Linder Hintze (“Cómo sanar tu historia familiar”)

Advertisements